Algunas veces uno se sorprende de que aún queden lágrimas.
Muchas veces empiezan de joven, cuando la obesidad te desborda.
Ser gorda es ser motivo de burla, de risa, de miradas de costado, de murmullos.
Ser la gorda de un grupo te da miles de amigos, pero jamás sos mujer, sos una persona sin sexo.
Nadie te mira como tal, nadie puede atraerte ni seducirte y ahí empieza un camino que jamás tiene retorno porque te verás gorda toda la vida sin importar cuanto bajes, cuanto peses, siempre algo estará mal en vos.
Aunque parezca que nada importa, aunque los demás no te vean jamás sin sonrisa, tu alma vaga casi sin pena solitariamente en el rincón más oscuro que puedas crear.
Escondida, sollozando en silencio te ahogás en lágrimas que jamás dejan de brotar.
Tu vida claro que se desarrolla en diversos espacios, cumpliendo miles de roles donde la mujer no tiene lugar. Sos esa persona que los demás ven divertida, porque creas esa careta que sólo te podés quitar en soledad.
Aunque la soledad es tu compañera de cada instante te disfrazas de la persona donde parece que te llevás el mundo por delante.
Vivís, crecés, te relacionas, conocés gente, pero nadie te mira mujer.
Los kilos, la falta de curvas de la belleza instalada hoy, te perturba, te aturde.
Posiblemente no podamos ver pequeñas felicidades o instantes felices que te da la sonrisa de alguien o el color en una flor, pero no alcanza para llenar el alma.
Siempre deseamos ese beso apasionado de gustav klimt a su amada o que alguien cante a sabina con su tema Contigo.
Las lágrimas son de emoción también, son las mejores.
Pero cuando el sollozo te ahoga y el corazón se te hace trizas no encontrás consuelo.
Salimos a la calle, nos reunimos en un cumpleaños o vamos a trabajar con caretas de persona que está bien. Cuando te preguntan como estás, automáticamente contestas "todo bien, vos?".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario